Leyenda de Santo Domingo de la Calzada

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La leyenda

Peregrinaba hacia Santiago un matrimonio alemán en compañía de su hijo, Hugonell, joven y guapo. La moza del mesón donde se hospedaron, a su paso por Santo Domingo, vengóse del joven que resistía sus insinuaciones, ocultando en su morral una copa de plata, acusándole luego, ante su patrón, de haberla robado. Ella misma denuncia el hecho a los alguaciles, que le dan alcance y después de comprobar la denuncia, lo entregan a las autoridades. El joven es condenado y ahorcado. Al cabo de un mes, cuando sus padres regresan de Santiago, y se acercan al patíbulo para rezar por el hijo, se encuentran con que éste está vivo, suspendido de la cuerda, y les suplica que acudan al juez de la ciudad para que lo suelten y lo dejen en libertad. El juez se encuentra sentado a la mesa a punto de trinchar una gallina; al oírles, suelta una estrepitosa carcajada y añade: ¡Tan cierto es el cuento que me acabáis de narrar como que esta gallina está viva! La gallina se incorporó sobre sus patas y saltó fuera del plato. El juez ordenó inmediatamente que se descolgara al joven y se castigara a la moza.

Gallinero en la catedral

En la catedral de Santo Domingo de la Calzada, frente al mausoleo del Santo, choca profundamente al visitante encontrarse en el interior de un templo con un artístico gallinero, con un gallo y una gallina en su interior, que periódicamente se renuevan, con la intención de perpetuar el milagro del que arranca el dicho popular: “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”.

 
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