El Marqués de la Ensenada

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El Marqúes de la Ensenada

Don Zenón de Somodevilla y Bengoechea nació en 1702 en La Rioja, disputándose dos pueblos próximos, Alesanco y Hervías, el honor de haber sido su cuna. Lo más razonable parece decir, teniendo a la vista los documentos, que nació en Hervías, pero de familia firmemente arraigada en Alesanco. Sus padres eran modestos hidalgos del país; su hijo ingresó a los 18 años en el Ministerio de Marina, donde enseguida dio a conocer las excepcionales cualidades de inteligencia, virtud y patriotismo que le adornaban. En 1736 es honrado con el título de marqués de la Ensenada, muy significativo, por los servicios prestados en la conquista de Orán y en la expedición a Nápoles.

Además de marino fue un gran financiero. En 1743 fue elevado a los Ministerios de Hacienda, Marina, Guerra e Indias, en unos momentos realmente angustiosos, debido a la crisis económica por la que atravesaba el Tesoro, después de tantos años de guerras, falta de cosechas, empobrecimiento del comercio y de la industria y, por tanto, un agotamiento general del país. El marqués de la Ensenada, desde su alto puesto de jefe de las finanzas del reino, realizó el milagro de levantar a España de su postración y decaimiento. Presentó unos proyectos clarividentes y los llevó a efecto con coraje y decisión. Gracias a Ensenada, el reinado de Fernando VI se contabiliza como muy positivo para la nación. Su gestión es una auténtica efeméride en la historia de la economía y del desarrollo español.

Es sabido que una intriga palaciega, favorecida por Inglaterra, que miraba con recelo el avance español, hizo que el marqués y ministro fuese destituído y enviado a Granada, como desterrado, en julio de 1754. Y aseguran que el embajador británico en Madrid anunció a su gobierno la noticia con estas palabras, que son la mayor alabanza de Ensenada: “Ya no se construirán más barcos en España”.

Para sus planes de desarrollo, perfectamente medidos y estudiados, necesitaba el ministro de Hacienda hacer una profunda reforma de todo el sistema fiscal, con lastre de siglos, casi medieval. Pero el espíritu de la reforma - es preciso tenerlo muy en cuenta - ­­no era para gravar más al contribuyente, sino, por el contrario, para aligerar al débil de todos los intermediarios. Por eso, su reforma se llamó “contribución única”. Para eso mandó hacer el famoso catastro, que de rechazo ha venido a ser una de las fuentes históricas más importantes de España. Murió el 2 de diciembre de 1781 en Medina del Campo. Sus restos reposan actualmente en el Panteón de Marinos Ilustres de la isla de San Fernando. En Logroño tiene dedicada una calle, calle Marqués de la Ensenada y un busto en su honor, Busto del Marqués de la Ensenada.

 
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