Camino de Santiago

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El Camino de Santiago a su paso por La Rioja

El camino a su paso por Alesanco

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Logroño

Vista aérea de Logroño

El paso de la húmeda Navarra hacia la seca Castilla encuentra en La Rioja una tierra de transición de enorme belleza que no se hace esperar. A través de viñedos y trigales el Camino Francés nos lleva hasta Logroño, capital de La Rioja, donde el vino alcanza sus más elevados laureles y el río Ebro discurre apacible por su fértil valle.

Cruzando el histórico puente de piedra, en cuya construcción original participaron Santo Domingo de la Calzada y su sucesor San Juan de Ortega, los peregrinos penetraban en un nuevo reino. “Esta es la primera ciudad en España -dice el peregrino alemán Künig, refiriéndose a Logroño-; allí conocerás otra moneda: acábanse los coronados y tienes que aprender a conocer los malvedís”, una ciudad compuesta antiguamente por dos calles principales que aún hoy forman su núcleo histórico, la Rúa Vieja y la calle Mayor.

La importancia del Camino de Santiago

La pujante ciudad de Logroño debe su origen al Camino de Santiago, que le da impulso y desarrollo a partir de los siglos XI y XII, desplazando a un segundo término a la ciudad de Nájera, residencia habitual de la monarquía navarra y punto de extraordinaria importancia en el Camino de Santiago.

Logroño no empezó a cobrar auge hasta que en 1076 Alfonso VI incorporó a Castilla La Rioja. A este rey se debe la restauración de la ciudad cuando, arrasada por el Cid en 1092, es repoblada por el conde García Ordóñez y favorecida su población para implantar un núcleo fuerte que asegurase su incorporación a Castilla.

Puente del Camino Jacobeo

Para facilitar el paso a los peregrinos, el propio monarca impulsó la construcción del mayor puente del Camino Jacobeo, en cuyas obras de reconstrucción participaron, sucesivamente, los dos santos constructores, Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega. El viejo puente medieval, sobre el que en 1884 se construyó el actual Puente de Piedra, tenía una longitud próxima a los 200 metros que se salvaba mediante doce arcos. Cuentan los más ancianos que, hasta mediados del siglo XIX los logroñeses mantenían la tradición de dar gracias a Santo Domingo de la Calzada, cuya efigie se veneraba en un humilladero cercano, por los beneficios que había reportado el puente a la actual capital riojana.

Entrando en Logroño

Salvado el Ebro, el mayor de los ríos que atraviesa la ruta, el Camino penetra en la población por la llamada Rúa Vieja que, con la paralela calle Mayor, conforma el primitivo núcleo urbanístico, con la estructura típica de las ciudades de paso. Al comienzo de la Rúa Vieja, a mano izquierda, queda el Hospital Provincial, y que antaño se llamó de “Roque Amador” o de “Rocamor”, de clara vocación jacobea. Más adelante, el Camino pasa por la parte posterior de Santa María de Palacio, llamada así en recuerdo de la donación efectuada por Alfonso VII de su palacio a los canónigos del Santo Sepulcro, sobre los que se fundó el templo. Muy próximas se encuentran la iglesia de San Bartolomé y la iglesia catedral de Santa María de la Redonda, presidida por dos esbeltas torres barrocas, conocidas por “Las Gemelas”.

El recuerdo hacia aquel Camino ha quedado simbolizado con la ubicación del “Albergue del Peregrino”, al comienzo de la calle Rúa Vieja, parada y fonda para los caminantes de hoy.

Las Iglesias de Logroño

La Iglesia Santa María de Palacio, es la iglesia más antigua de la ciudad, posee una rara torre prismática, de ocho caras, del siglo XIV, que destaca armoniosa sobre los tejados. El edificio, del siglo XIII, conserva en su interior, entre otras piezas de interés, el retablo mayor de Arnao de Bruselas, del siglo XVI.

La iglesia de San Bartolomé, de los siglos XII y XIII, pequeña y armoniosa, tiene una portada abocinada que representa el martirio del Santo.

La Catedral de Santa María de la Redonda, del siglo XVI, de estructura ojival, aunque la fachada y sus dos torres constituyen uno de los más importantes ejemplos del barroco riojano.

La iglesia de Santiago el Real también del siglo XVI, tiene un altar mayor dedicado al Apóstol y una portada barroca en la que destaca la figura de Santiago Matamoros sobre un enfurecido corcel.

Donde acaba la Rúa Vieja comienza la calle Barriocepo en la que el caminante se encuentra con la fuente de los Peregrinos, decorada con los típicos elementos jacobeos. En esta misma calle está ubicada la iglesia de Santiago el Real. Destaca la gran imagen de Santiago Matamoros, obra de la escuela flamenca del siglo XVII y, presidiendo el altar mayor, un evocador Santiago peregrino, del siglo XIV, con todas las características de la imaginería gótica. Los peregrinos abandonaban Logroño por la puerta del “Camino”, del “Revellín” o de “Carlos V”, dejando atrás la actual capital riojana hacia Nájera, otrora importante punto de la Ruta Jacobea.

Clavijo

Apartándose ligeramente de la Ruta Jacobea, merece la pena visitar, en las inmediaciones de Logroño, a unos 17 kilómetros, las ruinas del castillo de Clavijo y su entorno, protagonistas de la legendaria batalla, -hecho que probablemente nunca existió- y que consagró la mítica figura del “Santiago Matamoros”

La Leyenda de Clavijo

La leyenda cuenta que Ramiro II se negó a pagar a Abderramán III el degradante tributo de las cien doncellas, declarándose una guerra que culminaría en la batalla de Clavijo. Durante este combate apareció el apóstol Santiago para ayudar al monarca cristiano quien consiguió una gran victoria. La intervención de un apóstol guerrero, enormemente distante de la clásica figura evangelizadora, decidiría la batalla a favor de las tropas cristianas. El eco de esta batalla le valió al Apóstol Santiago el discutido título de “Patrón de España”, cuyo nombramiento desató en su tiempo airadas polémicas entre los partidarios de su figura y los defensores de Santa Teresa de Jesús. Esta leyenda carece de todo fundamento histórico.

La que sí es histórica es la batalla de Simancas, donde Ramiro II venció a Abderramán III, el año 938. Desde la celebración de esta batalla se mantuvo casi ininterrumpidamente el llamado “Voto de Santiago”, como reconocimiento a la intercesión del Apóstol.

Navarrete

Entrada de Navarrete

Retomando el curso del Camino hacia Santiago, 11 kilómetros más allá de Logroño, se encuentra la localidad de Navarrete, de afamados vinos. Para llegar a este enclave se pueden elegir dos alternativas igualmente válidas: el llamado “Camino Viejo de Fuenmayor, a la derecha de la actual carretera, o el “Camino Viejo de Navarrete, algo más corto y, también, más frecuentado por los peregrinos. Ambos itinerarios se unen con la carretera nacional unos cuatro kilómetros antes de Navarrete, poco antes de las ruinas del Hospital de San Juan de Acre, fundado en 1185, bajo el patrocinio de doña María Ramirez, para alberguería y auxilio de los peregrinos. La portada de este hospital, de estilo románico, ligeramente abocinada, fue rescatada y utilizada como puerta de acceso al actual cementerio, que puede contemplarse a la vera misma del Camino, metros después de la población.

La calle Mayor

Navarrete se estructura en torno al Camino, conservando gran parte de su aspecto medieval, con numerosas casas y palacios blasonados en los que existen elementos decorativos típicamente jacobeos. Cuando el Camino entra en la población, la rúa de los romeros se llama Mayor Baja continuando por Mayor Alta.

La iglesia

En el corazón de la población y sirviendo de separación a ambas partes de la calle se encuentra la plaza e iglesia de la Asunción. Se trata de un típico templo de tres naves, del siglo XVI. Destaca, en su interior, ocupando la cabecera de las tres naves, el magnífico retablo barroco de finales del siglo XVII. En la sacristía se puede contemplar un tríptico flamenco, del siglo XVI, atribuido a Isembrant.

La puerta del cementerio

Cementerio de Navarrete

A pocos metros de Navarrete impresiona la magnífica portada románica del cementerio, recuerdo del viejo hospital de peregrinos, sobrecogiendo al caminante la lápida que, adosada al mismo muro del recinto, recuerda la trágica muerte en atropello a una muchacha alemana que peregrinaba hacia Compostela. La portada de la antigua alberguería de San Juan de Acre fue rescatada, a finales del siglo XIX, de las ruinas del citado hospital y trasladada a este lugar, donde se puede contemplar en la iconografía de sus capiteles una representación más del combate entre Roldán y Ferragut. Pasado Navarrete, tierra de buen vino, el Camino enfila los 17 kilómetros que restan hasta Nájera, fin de la cuarta etapa.

Nájera

Plaza de Nájera

A lo largo de cinco kilómetros, el Camino sigue el itinerario de la carretera, separándose, luego, hacia el alto de San Antón. Antes de coronar la cima, la ruta deja a mano izquierda el pueblo de Ventosa, situado sobre un cerro, en el que destaca la esbelta torre del templo, dedicado al obispo francés San Saturnino de Tours. Alcanzada la cima de San Antón, son pocos los restos que quedan del primitivo convento, ubicado en un lugar rodeado de bosques en los que, según la tradición, los peregrinos eran frecuentemente asaltados y robados por cuadrillas de bandoleros.

Entre viñedos, en los que abunda la variedad de uva “tempranilla”, y cereales, el Camino de Santiago prosigue hacia Nájera, fin de la cuarta etapa marcada por el “Códice Calixtinus”.

Poyo de Roldán

Cerca de San Antón, bordea un pequeño cerro, conocido como “Poyo de Roldán”, que para los riojanos evoca una bonita leyenda: “En el castillo de Nájera -dicen- vivía Farragut, gigante sirio, descendiente de Goliat, y mucho más fuerte que él. Farragut venció a los mejores guerreros de Carlomagno. Un día llegó por allí Roldán, el más valiente de los caballeros de Carlomagno. Al acercarse a Nájera tiene noticias del tal gigante Farragut. Roldán sube al cerro, desde donde divisa al gigante sentado a la puerta de su castillo. Toma una piedra de dos arrobas de peso, de forma redondeada, y haciendo girar su poderoso brazo, suelta el guijarro que se va a estrellar contra la frente del gigante que cae derribado en el acto. Muerto el tirano, todos los caballeros son liberados y el montículo que sirvió de escenario al combate pasa a llamarse Poyo o Podium de Roldán”.

El rey García de Nájera

Río Najerilla a su paso por Nájera

La Ruta Jacobea entra en Nájera a través de un puente de piedra, que salva el río Najerilla, obra de San Juan de Ortega. La ciudad, capital histórica de La Rioja, gira en torno al monasterio de Santa María la Real, fundado por el rey don García VI que lo convirtió en panteón familiar. La leyenda dice que el rey persiguió tenazmente, durante una cacería, a una perdiz que se refugió en una cueva. Al entrar en ella el monarca se encuentra con una bella imagen de la Virgen, y, junto a ella, una jarra o terraza. El hecho daría lugar a la creación asimismo, de la orden de la Jarra y la Terraza, primera orden de caballería que se conoce en España. Posteriormente, Alfonso VI incorporaría el monasterio a la orden de Cluny.

Monasterio de Santa María la Real

Monasterio de Santa María la Real. De visita obligada, la iglesia actual, cisterciense, regentada por los Franciscanos, está edificada sobre la románica del monarca fundador. Dispone de un precioso coro del siglo XV, de corte isabelino, tallado en madera por los escultores Andrés y Nicolás de Amutio, hacia el año 1492, aunque otros autores ven en el mismo la mano de Juan de Nájera. Bajo el coro se puede contemplar la histórica cueva en la que la leyenda sitúa la aparición de la Virgen. A ambos lados está el “Panteón Real”, en el que descansan restos de doce personajes reales, entre ellos las urnas sepulcrales de los reyes fundadores. Del “panteón de los duques de Nájera”, situado en el lado del presbiterio, destaca la cubierta del sarcófago de Doña Blanca, madre de Alfonso VIII, joya románica de la escultura funeraria.

El “Claustro de los Caballeros”, del siglo XVI, en estilo plateresco, está dotado de unas preciosas celosías en piedra que proyectan sobre las galerías maravillosos juegos de luces y sombras. En la “Capilla de la Vera-cruz”, aneja al claustro, reposan los restos de Gracilaso de la Vega. El altar mayor del monasterio está dedicado a Santa María, la Virgen de la Terraza, y en él se guarda la primitiva imagen románica.

Desvío por Berceo

El culto a las reliquias, característico de toda la Edad Media, hacía que, antes de emprender la quinta etapa del Camino de Santiago, entre Nájera y Burgos, muchos peregrinos desviasen ligeramente su itinerario para acudir a visitar el Monasterio de San Millán de la Cogolla a unos 20 kilómetros de Nájera, donde reposan los restos del patrón de Castilla, depositados en una valiosa urna con incrustaciones de marfiles, de estilo románico, del siglo XI. El desvío lo hacían por la evocadora localidad de Berceo, cuna de la lengua castellana.

Azofra

Cruz del Camino de Santiago a su paso por Azofra

Quienes elijan el Camino tradicional, deberán encaminarse desde Nájera hacia la cercana localidad de Azofra, distante unos 6 kilómetros, a la que se llega por un ascendente camino entre pinares y campos de cereales. El itinerario parte desde la misma portada de Santa María la Real, por la calle de Costanilla. Los vecinos de la pequeña localidad, en la que no existen grandes monumentos, se sienten orgullosos del paso del Camino de Santiago y de ofrecer hospitalidad al peregrino. Mantienen, de esta forma, una tradición iniciada en el siglo XII, cuando, en el año 1168, doña Isabel fundó en Azofra un Hospital de peregrinos, cuya iglesia estaba dedicada a San Pedro y disponía, además, de un cementerio para los peregrinos que fallecían en el Camino. El Hospital de Azofra pervivió hasta el siglo XIX, aunque no quede el más mínimo vestigio de un edificio que, probablemente, estaba ubicado en las proximidades de la llamada “fuente de los peregrinos”. Muy cerca de este mismo lugar debió tener lugar el famoso encuentro entre las tropas del conde Fernán González y el príncipe Sancho de Navarra, reflejado en el “Poema de Fernán González”.

La calle Mayor de Azofra coincide con el Camino que, como en otros tantos puntos del trayecto, se ensancha para dar lugar a la plaza del pueblo. Allí se encuentra el templo de Nuestra Señora de los Ángeles, cuyo elemento más interesante son las tallas de San Martín de Tours y Santiago Peregrino, ataviado con el típico bordón, capa y sombrero.

Cañas

Desde Azofra existe un desvío de 5 kilómetros hasta Cañas, la localidad natal de Santo Domingo de Silos, y sede de una célebre abadía de monjas cistercienses en el que se conserva el sepulcro gótico de la beata doña Urraca (1170-1262), considerado uno de los monumentos funerarios de España.


Santo Domingo de la Calzada

Tras un trayecto relativamente corto, sin la más mínima dificultad orográfica, señalizado por un rollo medieval, conocido como “cruz de los peregrinos”, se llega a Santo Domingo de la Calzada, donde comienza el llamado camino castellano-leonés que nos llevará a Galicia. Poco antes de entrar en la población, los peregrinos del medievo encontraban el Hospital de Fuente Cerezo, llamado también de Fonchandrío. No queda ni el más mínimo resto de esta construcción donada por la condesa Aldonza, viuda del conde Lope Díaz de Haro, gobernador de Nájera y Vizcaya, con la expresa condición de dedicar la tercera parte de sus rentas al servicio de los peregrinos jacobeos.

El pueblo se debe al Santo

Nacido al borde del Camino, que antiguamente pasaba un poco más al norte, el pueblo debe su nombre y su propia existencia a la tenacidad de Santo Domingo que, para alivio de los peregrinos, construyó en medio de penalidades y milagros, el puente de 24 arcos que atraviesa el río Oja; fundó un “hospital para peregrinos”, a los que personalmente atendía, y que hoy reconstruido, sirve de lujoso parador de Turismo, tras una importante remodelación efectuada en 1992.

La Compostela riojana

Con los favores de Alfonso VI, que trató personalmente al Santo cuando acudió para ocupar La Rioja, en el año 1076, se fue formando la nueva población, denominada la “Compostela riojana” y que hoy constituye uno de los enclaves emblemáticos de la Ruta Jacobea, debido a la importancia que cobró el sepulcro del santo constructor al que los peregrinos rogaban protección para cubrir la totalidad del trayecto.

La catedral de Santo Domingo

En vida del Santo, el obispo de Calahorra consagró la iglesia que aquél había levantado en honor de San Salvador y de Santa María. Posteriormente, sobre esta iglesia, se levantó la actual “catedral” en honor del Santo protector del camino, concluyéndose las obras alrededor de 1180. Dispone de tres naves góticas, mientras que los ábsides son románicos, procedentes sin duda del templo primitivo. La torre, de 67 metros de altura, popularmente conocida como “la moza de La Rioja”, es una esbelta construcción barroca. En la cripta se halla el sarcófago del Santo, en medio de un gran mausoleo de alabastro, obra de Felipe Bigarny y Juan de Rasines, hecho en el siglo XV, en el que destaca la estatua del siglo XII que representa al benefactor del Camino.

Continuando en la catedral, hay que detenerse ante el “retablo principal”, obra de Damián Forment, sobre una preciosa base de alabastro, y que recoge distintas escenas del Nuevo Testamento.

El milagro del Santo

La fama de Santo Domingo se incrementa notablemente a partir del siglo XV, a raíz de un milagro que rápidamente se difunde por toda Europa, en el que el Santo salva de la muerte a un joven peregrino injustamente condenado a la horca. La simbología del milagro se repite en otros puntos del Camino, principalmente en la parte francesa, al salir malparado un posadero, enemigo natural de los peregrinos, del que éstos siempre tratan de cuidarse. La leyenda, en una de sus muchas versiones, cuenta lo siguiente:

La leyenda

Peregrinaba hacia Santiago un matrimonio alemán en compañía de su hijo, Hugonell, joven y guapo. La moza del mesón donde se hospedaron, a su paso por Santo Domingo, vengóse del joven que resistía sus insinuaciones, ocultando en su morral una copa de plata, acusándole luego, ante su patrón, de haberla robado. Ella misma denunció el hecho a los alguaciles, que le dan alcance después de comprobar la denuncia, lo entregan a las autoridades. El joven es condenado y ahorcado. Al cabo de un mes, cuando sus padres regresan de Santiago y se acercan al patíbulo para rezar por el hijo, se encuentran con que éste está vivo, suspendido de la cuerda, y les suplica que acudan al juez de la ciudad para que lo suelten y lo dejen en libertad. El juez se encuentra sentado a la mesa a punto de trinchar una gallina; al oírles, suelta una estrepitosa carcajada y añade: ¡Tan cierto es el cuento que me acabáis de narrar como que esta gallina está viva! La gallina se incorporó sobre sus patas y saltó fuera del plato. El juez ordenó inmediatamente que se descolgara al joven y se castigara a la moza.

Gallinero en la catedral

Frente al mausoleo del Santo, choca profundamente al visitante encontrarse en el interior de un templo tan artístico gallinero, con un gallo y una gallina en su interior, que periódicamente se renuevan, con la intención de perpetuar el milagro del que arranca el dicho popular: “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”

De los distintos testimonios de peregrinos, recogidos a partir del siglo XV, parece que éstos, con la ayuda de sus bordones, ofrecían comida a las aves cautivas en la catedral. Si éstas la aceptaban, era señal de que la peregrinación llegaría a buen fin. Muchos, incluso, pujaban para conseguir una o dos plumas de aquellas aves milagrosas para lucir en sus sombreros.

Parador de Turismo

Próxima a la catedral está la “antigua hospedería”, convertida en parador de turismo, que funcionó como tal hasta el siglo XVIII, tras una reconstrucción realizada cuatrocientos años antes.

Grañón

Cruz de los Valienes en Grañón

A la salida de Santo Domingo de la Calzada, los peregrinos cruzaban el río Oja por el puente que edificara el Santo y continuaban por el valle adelante hacia Grañón. El Camino original coincide con la actual carretera nacional que, antes de alcanzar Grañón, cruza los arroyos de Olmo y Mojuelos. Entre estos dos riachuelos se encuentra la llamada “Cruz de los Valientes” que marca el lugar de un famoso “litigio de Dios”. Sucedió en la Edad Media, cuando lucharon un representante de Santo Domingo y otro del pueblo de Grañón por la posesión de una dehesa que era objeto de litigio. Como en este tipo de juicios, Dios protegería al que tuviese razón, que no fue otro que Martín García, representante de Grañón, al que todavía se le agradece su valentía.

Nuestra Señora de Carrasquedo

El Camino de Santiago atraviesa Grañón adoptando a su paso, la denominación de Calle Mayor. Ya no existen las murallas ni el castillo que caracterizaron al pueblo en el siglo XI, ni se conservan huellas de viejo Hospital de Peregrinos, que se mantuvo hasta el siglo XIX. El templo parroquial guarda en su interior un retablo de Forment y Breogant. Destaca la espléndida ermita de la Virgen de Carrasquedo, patrona de la villa, así como la denominada “ermita de los Judios”, consistente en un crucero que data del siglo XVI.

Tras Grañón, el Camino desciende hacia Redecilla del Camino, ya en la provincia de Burgos.

Veáse también

El Camino de Santiago desviado por Logroño

Enlaces externos

El Camino de Santiago a su paso por Logroño

 
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