Iglesia de Santa María de Palacio (Imperial)

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Iglesia de Santa María de Palacio

Monumento nacional. Alzado en los siglos XII-XIII; fue ampliado y reformado en el XVI, y consolidado y reconstruido en el XVIII.

Su denominación de “Imperial” no procede del juramento que en la misma efectuó el emperador Carlos I de España y V de Alemania, sino de que el emperador Alfonso VII dotó al Prior y Canónigo regulares del Santo Sepulcro y Jerusalén “con su casa imperial, que tenía en esta villa, otras rentas y muchas heredades por privilegio de 1165 el rey Alfonso concedió a dicha Orden diferentes prerrogativas y la recibió de su Real Patronato, y la dio el Palacio, casas y heredades en dicha villa de Logroño”.

En virtud del testamento de don Alfonso I “el Batallador”, rey de Aragón, muerto hacia finales de 1135 sin sucesión, quedaron herederas de su reino y por partes iguales tres Órdenes de Jerusalén: la del Santo Sepulcro, la de San Juan y la del Temple.

Cuando años después se verificó la Concordia entre esas tres Órdenes religioso-militares y los reyes sucesores en España de “El Batallador”, el Patriarca de la del Santo Sepulcro en Jerusalén, Guillermo I, envió al canónigo Giraldo para que fundara la Orden en España. Se convino con Ramón Berenguer IV en erigir la casa matriz para el Reino de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca en Calatayud, hecho que tuvo lugar entre 1146 y 1156.

Muy inmediata a esta fundación debió de ser la de Santa María de Palacio en Logroño, pues también fue erigida por el mismo canónigo Giraldo, como residencia de la Jurisdicción de la Orden en el Reino de Castilla. Todo ello se produjo con la aquiesciencia del rey Don Alfonso VII, que la introdujo en sus dominios en 1155.

El templo posee una sobria portada clásica, algo herreriana, con un amplio hueco de puerta adintelada, encuadrada por el clásico entablamento de orden dórico con dos pares de columnas estriadas y una hornacina que cobija a la Asunción y Coronación de la Virgen, obra de Juan de la Riba, hijo, quien la construyó hacia 1627. La torre, de mediados del siglo XVI, obra de Juan de Acha, de planta cuadrada de cuatro cuerpos, que fue construida con la misma piedra y aparejos empleados en el pórtico del templo.

En su exterior destaca la bellísima aguja piramidal románico-ojival, de comienzos del siglo XIII, que en su base tiene ocho bohardillones con agudos piñones que cobijan sendas ventanas de arco apuntado con tracería pétrea. La hermosa flecha se eleva 200 pies sobre el suelo.

El interior ha sufrido numerosas reformas y en él destacan especialmente el gran retablo mayor, realizado a mediados del XVI por Arnao de Bruselas; el Coro, de finales del siglo XVII, con sillería de 19 asientos con columnas corintias; en los pilares de la nave central figuran las imágenes de San Bernabé, Patrono de la Ciudad, y de San Mateo, titular de las fiestas de septiembre. En otra capilla se encuentra la imagen de Santa Ana, Patrona de Logroño desde 1599, la Virgen de la Antigua, en la capilla de su nombre, que presenta la imagen titular, sedente, originaria de los siglos XII-XIII, aunque con la cabeza rehecha posteriormente; el famoso Crucifijo, de mediados del siglo XVI y atribuido a Arnao de Bruselas y, finalmente, el Claustro, clasicista, con pinturas de José de Vexes, de mediados del siglo XVIII.

 
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