Monasterio de San Millán
De WikiRioja
La vida monacal riojana va unida a las aguas de sus ríos. Desde la época visigótica, muchos cristianos aprovecharon las cuevas próximas a los ríos para dedicarse a la oración y a la penitencia, unas veces en solitario, otras agrupados bajo un maestro espíritu; para los actos comunes levantaron edificaciones adosadas a la misma roca y para el sustento diario laboraban las terrazas próximas al cauce. En muchos casos tales grupos embrionarios acabaron en grandes monasterios.
De las cuevas del río Cárdenas surge el monasterio de San Millán de la Cogolla. Se cobija al pie de los montes Distercios, donde el confesor Millán hizo penitencia rodeado de monjes y monjas penitentes; allí murió ya centenario en el año 574. El abad Citonato, hacia 640, dio a Braulio de Zaragoza amplia información sobre la vida del santo, que había sido su maestro. Es de suponer que la vida eremítica pervivió allí, aunque los documentos no hablan de ello hasta 920 o 925; desde esa fecha tenemos historia digna de crédito.
El scriptorium de San Millán trabajó tanto como el de Albelda; en él se escribió el primer texto castellano de que hay constancia en las llamadas Glosas Emilianenses, del siglo X; en su “portaliello” cantó el maestro Gonzalo de Berceo, en versos alejandrinos de cuaderna vía, los Milagros de Nuestra Señora, la Vida de San Millán, la Vida de Santo Domingo de Silos, la Vida de Santa Oria.
Además los monjes colonizaron muchas tierras roturadas en el monte y en torno a una pequeña iglesia fueron surgiendo muchos pueblos: Badarán, Camprovín, Cárdenas, Cihuri, Cordovín, Ledesma, San Millán de la Cogolla, Ventosa, Villaverde de Rioja, Villarejo y otros fueron jurisdicción eclesiástica del monasterio hasta 1873. Ello indica que esta dependencia tal vez naciera en los años de su colonización.
Dos son en realidad los Monasterios. El de Suso o de Arriba, edificio mozárabe, visigótico y románico, siglo XI, con pasajes de la vida de San Millán y sepulcros de los Siete Infantes de Lara y de su ayo Nuño Salido. Monumento Nacional levantado alrededor de lo que fue cueva del Santo en el lejano siglo VI y en uso hasta el siglo XIX. En él se encuentra el cenatofio de San Millán, del siglo XII.
Y en el valle encontramos la monumentalidad del Monasterio de Yuso, “El Escorial de La Rioja”. Ante la afluencia creciente de peregrinos riojanos, navarros y castellanos, el rey García el de Nájera construye el nuevo Monasterio de Yuso, o de Abajo, adonde traslada el glorioso cuerpo del santo en 1053 y lo rodea de alberguerías para los devotos. Una constelación de santos brilló en torno al fundador y a sus reliquias: Aselo, Citonato, Geroncio, Áurea, Potamia, Sofronio… Poco o nada queda de la fábrica románica original y así, el edificio que contemplamos hoy, se levanta entre los siglos XVI al XVIII. Muchos son los tesoros que alberga, pero quizá merezca una especial mención la arqueta de las reliquias de San Millán y San Felices con sus marfiles tallados, auténtica joya del siglo XI. Extraordinaria biblioteca con valiosos Códices.
Los monasterios de San Millán, elevados a la categoría de Patrimonio de la Humanidad, nos ofrecen la posibilidad de un viaje a un pasado de oración y de cultura, de recogimiento y devoción, donde la palabra escrita ha alcanzado la categoría de monumento universal.

