Santo Domingo de la Calzada (Personaje)

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Santo Domingo de la Calzada nació en Viloria de Rioja hacia el año 1020. Intentó ser monje en San Millán y en Valvanera, sin lograrlo. Del 1040 al 1044 recorre con san Gregorio Ostiense todos los pueblos de la región predicando la penitencia. Y desde entonces hasta su muerte, ocurrida el 12 de mayo de 1109, es decir, durante 63 años, no tendrá otra misión que volcarse por atender a los peregrinos que iban a Santiago, que por aquella época eran muy numerosos.

Los peregrinos, a partir de Nájera, seguían la vieja ruta romana del norte, por Hormilla, Valpierre, Leiva, Briviesca. No debía de hallarse en buen estado y ofrecía peligros y dificultades notables. Santo Domingo la rectificó, desviando el camino hacia el sur: Nájera, Azofra, nuevo burgo de Santo Domingo, Redecilla del Camino, Burgos.

Santo Domingo es el repoblador y organizador de toda la comarca desde el Najerilla al Tirón, puesto que al vitalizarla, con la fijación del Camino, originó riqueza, afincó comerciantes, labriegos y artesanos: dio origen a una comunidad nueva. En el centro de esa región, y en el lugar más peligroso por el frondoso y áspero bosque que lo circunda, establece una hospedería y un hospital para atender personal y caritativamente a los que iban o venían de Santiago. En torno a estos centros nace enseguida una iglesia, la de Santa María, y otros edificios asistenciales, y poco a poco va surgiendo una ciudad entera, que no es otra que la que, muy justamente, lleva su nombre para siempre. El santo es a la vez enfermero, cocinero, organizador de tierras, constructor de caminos y puentes. Es preciso citar el airoso puente sobre el río Oja, a la salida de la ciudad, camino de Grañón.

Es muy singular el caso de un hombre que, con su ejemplar y santa actividad, consigue en torno a sí lo que en aquella época necesitaba todo un monasterio con sus nutridas comunidades de monjes y servidores.

Santo Domingo de la Calzada es un colonizador nato al servicio de los peregrinos de Santiago en aquel sugestivo siglo XI español. La obra no terminó con su vida, sino que creció y, en realidad, se perpetúa hasta el día de hoy. Santo Domingo de la Calzada, con su sepulcro del santo, con el hospital del santo, convertido en sugestivo Parador Nacional, con la joya de su catedral, con el sabor inigualable de sus calles-camino, con su airosa torre exenta, sigue siendo una de las ciudades etapa, fundamentales en el universal Camino de Santiago.

La fama de Santo Domingo se incrementa notablemente a partir del siglo XV, a raíz de un milagro que rápidamente se difunde por toda Europa, en el que el Santo salva de la muerte a un joven peregrino injustamente condenado a la horca. La leyenda cuenta lo siguiente:


La leyenda

Peregrinaba hacia Santiago un matrimonio alemán en compañía de su hijo, Hugonell, joven y guapo. La moza del mesón donde se hospedaron, a su paso por Santo Domingo, vengóse del joven que resistía sus insinuaciones, ocultando en su morral una copa de plata, acusándole luego, ante su patrón, de haberla robado. Ella misma denuncia el hecho a los alguaciles, que le dan alcance y después de comprobar la denuncia, lo entregan a las autoridades. El joven es condenado y ahorcado. Al cabo de un mes, cuando sus padres regresan de Santiago, y se acercan al patíbulo para rezar por el hijo, se encuentran con que éste está vivo, suspendido de la cuerda, y les suplica que acudan al juez de la ciudad para que lo suelten y lo dejen en libertad. El juez se encuentra sentado a la mesa a punto de trinchar una gallina; al oírles, suelta una estrepitosa carcajada y añade: ¡Tan cierto es el cuento que me acabáis de narrar como que esta gallina está viva! La gallina se incorporó sobre sus patas y saltó fuera del plato. El juez ordenó inmediatamente que se descolgara al joven y se castigara a la moza.

Frente al mausoleo del Santo, choca profundamente al visitante encontrarse en el interior de un templo con un artístico gallinero, con un gallo y una gallina en su interior, que periódicamente se renuevan, con la intención de perpetuar el milagro del que arranca el dicho popular: “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”.

 
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