Turismo por La Rioja

De WikiRioja

Turismo por La Rioja

El viajero que, a la antigua usanza de los caminantes, llegue a La Rioja y comience a recorrer su geografía, se encontrará con una región privilegiada, donde la ribera del Ebro y las estribaciones de la cordillera ibérica conforman una maravillosa antología de la naturaleza.

Una tierra regada por ríos de curso corto que han abierto apacibles valles salpicados de aldeas, de pueblos y de villas; vegas fértiles para la fruta y la hortaliza; montañas de nieve perpetua; colinas y cerros leves; lomas y laderas del cereal; oteros de pastizales; ribazos y llanos de la vid. Desde los picos calcáreos de los montes Obarenses a la espesura vegetal de la Demanda, en las llanuras arcillosas de las tierras bajas y por las viejas trochas de los Cameros, La Rioja se abre al turista y se prodiga.

A la bucólica estampa del pastor con zurrón y cayado la rodea la frondosidad del pinar, de los hayedos y robledales que esconden al jabalí, o las verdes cimas por donde el corzo y el ciervo buscan el manantial. Praderas de la altura y montículos del romero y el tomillo; majadas y canchales; aquí y allá una humilde ermita; pueblos de labranza y de ganados; la sierra y la llanada con la frescura de los sotos y choperas bordeando el cauce del agua. Tierra de tradiciones y costumbres, de danza y jota, de contrastes, hermosa y hospitalaria, que aún reserva al moderno peregrino el goce de una fuente olvidada o el bocado y el vino ofrecidos por el viejo agricultor. Y, como si el tiempo se hubiera detenido, el son de la cornamusa de los alguaciles cuando anuncian el bando municipal.

La Rioja luminosa de los verdes y violetas, de los ocres y grises de las tierras duras del Jubera y de la sierra de Alcarama. En cada rincón y lugar, una sorpresa. Lo antiguo y lo nuevo se abrazan y el viajero, casi sin darse cuenta, repite la aventura porque La Rioja es “una de las regiones fundamentales de España”.


Contenido

La Ribera

La ribera del Ebro está salpicada de poblaciones importantes riojanas. Desde Haro, ciudad del vino y de la piedra noble, subiremos a San Felices, en los riscos de Bilibio. Haremos una parada, cruzando el Ebro, en el Portal de la Rioja para admirar el bello paisaje a todo lo largo y ancho del Ebro.

Siguiendo la margen izquierda del Ebro, visitaremos la Sonsierra, trozo de tierra riojana, el único en toda la larga frontera con Álava y Navarra que forma el río. Una visita obligada a San Vicente de la Sonsierra para subir hasta la parroquial y que algún cofrade nos cuente la historia de los “picaos” los picaos de San Vicente. De San Vicente a Peciña y a Rivas de Tereso, que están puramente debajo del monte Toloño. Iremos hasta la ermita de Santa María de la Piscina; y ya en la carretera nacional, nos acercaremos hasta Ábalos, donde la piedra noble permanece en viviendas y bodegas. El paisaje es viña.

Los riojanos de allende el Ebro son también de pura cepa y si nos vamos a Briñas, situada igualmente en la margen izquierda del Ebro, cerca de las Conchas de Haro, donde el río ibérico se hace riojano, comprobaremos que todas las características generales del ser y estar de La Rioja están allí bien palpables.

Por San Vicente de la Sonsierra cruzamos el Ebro y pasamos a Briones, situado en la margen derecha. Visitamos Briones -impresionante en el cerro- y su magnífica iglesia y sus calles con bellas muestras de arquitectura popular en piedra arenisca. Un pequeño desvío por la C-113 nos llevará hasta San Asensio, cuna del clarete, y nos acercaremos a Davalillo. Después por la N-232 continuaremos a Cenicero, centro vinatero por excelencia. Hacemos otra parada en Fuenmayor, completando la ruta del vino iniciada en Haro, y contemplamos las curvas y los meandros del río hacia El Cortijo y Logroño.

En la capital de La Rioja tenemos tema para nuestros apuntes. Logroño con todos sus monumentos y sus historias. Los puentes y la gran chopera. Seguimos hacia Varea, Recajo, Agoncillo, Arrúbal y después Alcanadre y su acueducto romano. Tierras llenas de viñedo. Ausejo nos recordará los belenes de la Navidad; toda la villa en cerro. Tenemos que hacer otra parada en Pradejón, después de pasar El Villar de Arnedo. Y después de Calahorra, Rincón de Soto; y enfrente, Aldeanueva de Ebro, bella villa de La Rioja Baja. Y por fin, la ciudad de Alfaro, auténtica llave de Castilla. Subiremos al monte Tambarría, y la panorámica nos llenará de gozo el corazón. Iglesia de San Miguel y la del Burgo. Parque de la Florida. Alfaro de La Rioja.

Cuenca del río Tirón

El río Tirón riega la zona más noroccidental de La Rioja en un recorrido que no llega a los cincuenta kilómetros. El paisaje es amarillo de las lomas del cereal, característica que se mantiene hasta cerca de Cihuri y Anguciana, donde el Tirón se abre entre choperas para morir en el Ebro.

La primera villa, siguiendo el curso del río, es Tormantos. En esta villa riojana existe el palacio de Ruy López-Dávalos, condestable de Castilla en el reinado de Juan II, y, como sello histórico, una lápida romana incrustada en el atrio de la parroquial de San Esteban.

A dos kilómetro, Leiva con su castillo gótico, la ermita de la Virgen Peregrina y el monolito romano por donde cruzaba la calzada. Una carretera, pasando el puente sobre el Tirón, recorre la margen izquierda del río y su zona para llegar a San Millán de Yécora y Treviana. En la orilla de los afluentes Ruarto y Ea, con la ermita de la Junquera.

Desde Leiva, la antigua Libia romana, dos kilómetros más abajo, con el cerro de su nombre como guía, el Tirón nos lleva hacia Herramélluri. En la calle de Santo Domingo, portal número 8, el pilar derecho tiene una lápida romana. En la afueras, la playa natural del río cerca del puente.

A tres kilómetros, Ochánduri, para contemplar la iglesia románica de la Concepción. Antes de abandonar la villa, merece la pena una visita con parada en la ermita de Legarda. En Cuzcurrita, el castillo medieval, la iglesia de San Miguel con su torre barroca, las casonas hidalgas de la villa con escudo, el puente medieval, la ermita de Sorejana y el rollo jurisdiccional en el monte El Bolo. Cuzcurrita es la villa de la piedra sillar, donde el viajero siente el aroma antiguo del medievo. Casi dándose la mano, Tirgo, que ha conservado el nombre del río. La tribu de los autrigones pobló la cuenca antes de la llegada de los romanos.

La N-232 atraviesa la localidad hacia Pancorbo. Hemos llegado al curso bajo del Tirón, después de contemplar un paisaje de cereal y vid. Por la margen izquierda del río se llega a Cihuri y Anguciana. En Cihuri, el puente romano y la casona del Priorato, donde la vegetación se espesa y el baño se agradece en verano Y en Anguciana, el castillo. El Tirón forma un gran soto hacia el Ebro.

La cuenca se extiende hasta los montes Obarenes. Debajo de Peña Lengua, Cellorigo, púlpito de La Rioja. Y en una estratégica cadena a la falda de la divisoria provincial de Burgos y Álava, Foncea con la torre romana, la iglesia de San Miguel y la ermita del Cristo; Fonzaleche, la villa de los canteros; Villaseca y su templo románcio de San Román y la picota; Galbárruli, a los pies de Peña Gembres; Castilseco y la iglesia románica de San Julián; Sajazarra y su castillo. Y por último, Villalba de Rioja, patria del descubridor don Pedro Ruiz del Castillo, en la ladera hacia los riscos de Bilibio y las Conchas de Haro.

Toda la cuenca ofrece historia y sosiego. Villas que conservan aromas medievales, donde la piedra noble resiste el paso de los siglos en una riojanísima ruta del románico.


Cuenca del río Oja

En el curso alto, el río Oja ofrece en el llano de la Casa un perfecto anfiteatro natural a menos de tres kilómetros de Posadas. El paraje es sencillamente bello y hasta salvaje. Las dos torrenteras, la que viene del pico Gatón, divisoria de aguas con el Najerilla, a la altura de Canales, Villavelayo y Mansilla, y la de las Herguijuelas, se unen en el llano de la Casa para formar el Oja en el lugar donde existe un refugio de ICONA. Hay bancos de piedra, mesas, un merendero con asador y parrilla. Un muro de hormigón ha hecho posible que la cascada de Pozo Ozumbra se convierta en una laguna o piscina. La cascajera pizarrosa se salva por medio de un rústico puente de madera. Hayedos y robledales, fresnos y pinos, conforman el marco ideal de la excursión de montaña. La carretera sube hasta el San Lorenzo, asfaltada y curva, al pie mismo del refugio de cazadores. En la altura, al norte, los montes Obarenses y la cinta nebulosa del Ebro; al sur, Soria y la cuenca del Duero que por el Arlanzón recibe las aguas de la Demanda, Estamos en la cruz de la Demanda, en el término municipal de Ezcaray. Sigue la carretera bordeando al San Lorenzo hasta llegar a Valdezcaray, la estación riojana de esquí.

La vuelta es maravillosa. Estamos ante uno de los paisajes más bellos de La Rioja. Canchales, barranqueras y alarde forestal. Terrenos del corzo y del jabalí. La paloma pasa por este eje imaginario buscando climas más templados en el otoño.

Las aldeas de Ezcaray

La primera población del curso del río es Posadas, aldea de Ezcaray, situada en la margen izquierda. La aldea tiene un núcleo de viviendas de piedra tosca y mampostería. Los pocos vecinos viven de la ganadería.

Vamos a hacer un recorrido inolvidable por todas las aldeas de Ezcaray, situadas en los valles que han formado pequeños riachuelos o torrenteras a entrambas orillas del Oja. Desde Posadas, un camino que pasa por la antigua ferrería, nos acerca a la despoblada Altuzarra, en la margen derecha. Por la otra orilla, la senda carretil nos llevará hasta Ayabarrena. El pequeño valle de Ayabarrena es otro paraíso encantado.

Seguimos el cauce del río y llegamos a San antón y a Azárrulla, casi enfrente, en la orilla izquierda y en la derecha. La flora es espléndida. Y a tres kilómetros más abajo, Zaldierna, con la iglesia de San Sebastián, el mirador y el río Zambullón, afluente del Oja.

Poco después de perder de vista a Zaldierna, un desvío por la derecha nos lleva hacia el valle de Urdanta. El camino de herradura sube por entre praderas y bosque. Urdanta está en un hoyo o barranco que forman los riachuelos riachuelo Renederra y riachuelo Riohoyo. La aldea se halla justamente debajo de Valdezcaray.

Estamos llegando a Ezcaray, pero antes visitaremos las ruinas de Cilbarrena para recordar que por este valle de la margen derecha del Oja, tan cerca de la villa, existió en la Edad Media el priorato de Ubaga. Y para hacer acopio de aire serrano, antes de entrar en Ezcaray, tomaremos la carretera del Pinar de la Estación para acercarnos hasta Turza, otra de las aldeas abandonadas.

El pinar de la Estación es un auténtico parque natural. La carretera cruza por entre hayas de más de cincuenta metros de altura y pinos en un recorrido de seis kilómetros. Esto es un bosque privilegiado. Hay dos merenderos con todo lo necesario para el turista y abundancia de agua de montaña. Todo está bien cuidado y respetado. Los árboles tienen una cajita para que los pájaros insectívoros aniden. La vegetación es selvática.

Ezcaray

Tampoco vendría mal subir hasta Valdezcaray si la suerte acompaña y nos llevan en algún vehículo de motor hasta la cima, para contemplar las telesillas y las pistas de Colobia y Campos Blancos. Y una vez arriba, subir y gozar del paisaje nevado montados en los arrastres. Si la tormenta nos sorprende, ya tenemos el parador o el refugio de ICONA. Todo está previsto. Pero entremos ya en la villa de Ezcaray.

Entre las peñas de San Torcuato y San Quílez, en la margen derecha del Oja, cuando ya el valle se extiende, se encuentra la villa que es cabeza de la cuenca alta del río. Iremos directamente a la plaza de la Verdura, y al igual que los antiguos caminantes, tocaremos la argolla de los fueros, que está en la columna, la primera del soportal. Todo el valle tuvo su fuero dado por el rey Fernando IV el Emplazado, cuando celebraba cortes en Valladolid, el día 24 de abril de 1312.

En la plaza de la iglesia, la fuente de 1808. Y en el interior del templo contemplaremos la inusitada sonrisa del matachín, figurín ataviado a la antigua usanza, que golpea la campana del reloj a modo de papamoscas. La pila bautismal, el retrato del ilustre hijo de la villa, el arzobispo Barroeta. Y acompañados por el párroco, no nos iremos sin visitar el museo de la parroquia, fundado por don Dalmacio Baños terreros. La iglesia es monumento nacional y sabemos que acabó de construirse en el siglo XVI.

Pasaremos el puente y, dejando a un lado la vieja estación del ya inexistente ferrocarril Haro-Ezcaray, de vía estrecha, subiremos a la ermita de Allende y veremos los cuadros de los ángeles guerreros.

Ezcaray es una delicia de paseos, fuentes y arboledas. Paseo de los estudiantes, paseo de los enamorados, la fuente de la Teja, fuente Saúco y la subida hasta la ermita de Santa Bárbara para admirar una panorámica inolvidable.

Y luego el callejeo por la plaza de la Paz, con la fuente de 1841, la calle Mayor, el palacio de Torremúzquiz, la plaza del Crucero. Todo Ezcaray es una sorpresa. Y en la fachada de una de las casas con soportales de la calle Mayor, la placa en honor del gran músico ezcarayense, Santiago Lope.

Quien visite Ezcaray, vuelve, porque todo está a favor de esta villa del curso alto del Oja.

Zorraquín y Valgañón

Por la margen izquierda del Oja, en la carretera de Pradoluengo, a tres kilómetros de Ezcaray, se encuentra la villa de Zorraquín, ganadera y antigua, beneficiada igualmente, como Valgañón, por el fuero de Ezcaray. Estamos ahora recorriendo un hermoso valle que forma el afluente Ciloria. Y llegamos a Valgañón y nos acercaremos a la parroquial de Tres Fuentes, situada en la carretera de Pradoluengo, con la famosa fuente y la arboleda. La villa de Valgañón queda a la izquierda con sus casonas hidalgas y su ambiente ganadero. Nosotros vamos hacia Anguta, aldea abandonada, pasando el puerto de Pradilla.

Antes de llegar a la aldea que perteneció a los distintos señores de Ezcaray, y que hoy es Valgañón, la dehesa nos llenará de satisfacción. Una gran pradera en la altura, donde pasta apaciblemente el ganado. Anguta está medio en ruinas, pero a nosotros nos ha interesado el magnífico paisaje de esta zona riojalteña.

Ojacastro y sus aldeas

Volvemos al Oja y a dos kilómetros de Ezcaray, la villa de Ojacastro. Hemos salido por la garganta de Ezcaray y el río se expande en una llanura que ya se adivina. Ojacastro tiene rincones bellos y es punto de partida para andar por los valles donde están sus aldeas.

En el barrio de arriba, la parroquial de San Julián y santa Basilisa, y enfrente, el árbol en cuyo interior han realizado una instalación para que el agua brote en chorro a modo de fuente. Viviendas de mampostería al exterior, bien cuidadas y, sobro todo, la casa de Merino Urrutia, con su museo etnográfico ubicado en el pajar. En el barrio de abajo, la plaza con la picota, y todavía nos acercaremos al barrio de los Pisones que es el típicamente ganadero. En la carretera, modernos chalecitos de veraneo y arboledas.

Desde Ojacastro partimos hacia sus aldeas, hacia los hermosos valles del municipio. En la margen derecha, ermita Santasensio de los Cantos y la ermita de la Ascensión. Valle arriba, Uyarra y aún las ruinas de aldea Bonicaparra Bonicaparra y La Espurgaña, que por la altura siguen las trochas para llegar al valle del Turza en terreno ezcarayense.

En la margen izquierda, por caminos carretiles, el afluente Arviza nos lleva hasta la aldea de su nombre; y más arriba, Tondeluna por paisajes de montaña, verdes y frondosos. Tierras de pastos y ganados.

Y terminamos el viaje subiendo hasta Amunartia, también por la margen izquierda, llenos de ilusión por el camino y los bellísimos rincones serranos. En Amunartia, ruinas entre la vegetación, y la fuente y unos alrededores donde aún se puede coger de los frutales la en otros tiempos riquísima manzana conocida por “pero colorado”.

Desde Ojacastro, por la antigua estación del ferrocarril, un camino lleva al viajero hasta Ulizarna, la otra aldea abandonada. Los de Uyarra todavía cruzan por delante de los dos edificios que se mantienen en pie, porque prefieren bajar a Ojacastro monte a través.

Valle medio del Oja

Más abajo, el cruce de Santurde de Rioja. Una gran recta nos deja en el centro de la villa. Allí la Casa Consistorial y la parroquial de San Andrés. Una plaza amplia y muy cuidada. Santurde fue plaza fuerte y no dejaremos de visitar la antigua torre del castillo y la ermita de la Virgen de la Cuesta. La villa es una de las mejores en cuanto a limpieza y estética urbanística.

Por la orilla derecha del río Oja tenemos ahora el empalme hacia Santurdejo y Pazuengos. Estamos en el valle de Santa María, un arroyo que desemboca en el Oja. Santurdejo es villa antigua, como Santurde, y tiene en la parroquial de San Jorge una tradición de devoción a su patrono, abogado contra la rabia. Aquí existe uno de los pocos molinos de agua que quedan en La Rioja.

Valle arriba, pasando la ruinosa aldea de Villanueva de Pazuengos, llegamos por carretera asfaltada a la villa pazuenguina. Allí viven pocos vecinos. La emigración obligó a vender tierras y casas. En la plaza, la fuente de San Martín de Tours. Unos alrededores bellísimos y el recuerdo del castillo tomado por el Cid.

Santo Domingo de la Calzada

La gran llanura calcetense, cuando el río Oja se oculta bajo la cascajera, y Santo Domingo de la Calzada. Hemos llegado a la ciudad del “Santo Abuelito”. La catedral, la torre barroca exenta, la casa del santo, la iglesia de San Francisco, el Parador Nacional de Turismo, que era la antigua Hospedería, la calle de los Caballeros y la casa donde murió Enrique II de Trastámara, de bello portal con arco gótico. La plaza con el magnífico ayuntamiento y un aroma medieval en cada calle.

La N-120 atraviesa a la ciudad en una amplia avenida con paseo. Y todo el encanto de la plaza de Hermosilla en la carretera de Ezcaray. Ciudad de tradiciones, recuerdos de milagros y entre todos, el de la gallina que cantó después de asada, que es el símbolo de la capital del Oja. El río pasa por debajo del puente de veinticuatro ojos que hiciera construir el santo. Una ciudad fundada por santo Domingo, nacido en Viloria de Rioja, hoy pueblo de la provincia de Burgos, en esa comarca que aún continúa llamándose la Riojilla.

Ir a Santo Domingo es visitar la catedral, edificada sobre la primitiva iglesia románica de la que se conserva un bello ábside. Y en el interior catedralicio, el sepulcro del santo y un a modo de gallinero donde dos gallináceas perpetúan el milagro. Cada quince días son renovadas las gallinas macho y hembra, hecho insólito que no tiene precedente en ningún otro templo del orbe terráqueo.

El Oja, después de contemplar la muralla que mandara construir Pedro I el Cruel, nos conduce a Villalobar de Rioja, a Baños de Rioja y a Castañares de Rioja, tres villas muy cercanas y muy prósperas, con la agricultura como base principal. Vemos viñas, y en Baños de Rioja o Bañitos, como ellos dicen, la bodega que fue de la emperatriz Eugenia de Montijo. En Villalobar de Rioja, casonas hidalgas de rancio abolengo. Choperas y sotos en la gran llanura que va formando el Oja. Y en Castañares de Rioja, la parroquial de la Natividad, bello templo del siglo XVI, con una sonería de las campanas del reloj exacta a la de la abadía de Westminster, de Londres.

Casalarreina

Y llegamos a Casalarreina, monumental villa hidalgona, cruce de caminos. Por la villa atraviesa también la N-232 hacia Pancorbo. El recio puente de 1831, el convento de la Piedad en el paseo de la Florida, casonas palaciegas, la fuente Garalla, la parroquial de San Martín y la fuente de Pobes, junto al río Oja, lugar de recreo y vacación. Todo Casalarreina es un conjunto histórico-artístico. Hacemos una gran parada para ir más tarde a despedir al Oja que da sus aguas al río Tirón entre Cihuri y Anguciana, entre sotos y arboledas.

Grañón

Hemos seguido la ruta del río Oja, pero aún quedan otros pueblos de la cuenca, como Grañón, primer pueblo riojano en el límite de la provincial de Burgos, al pie del cerro de su nombre, patria chica del célebre Martín García. Por el interior, Corporales y Morales y Villarta Quintana. Por la estrecha carretera, un bello paraje en el término municipal grañonero con la ermita de Carrasquedo como centro de excursión. Y ya sólo nos queda visitar la villa de Quintanar de Rioja, para lo cual hacemos el viaje por el interior, desde Villarta Quintana se puede acceder por una carretera local,que se ha abierto recintemente, o si prefiere a pie por sendas montañosas y caminos carretiles que usa el labrador, porque el paisaje es, ante todo, nuestra primera intención. Otra ruta por carretera se puede hacer por N-120, llegar a Castildelgado y, por Bascuñana, tomar la carretera que muere en Quintanar, villa y términos rodeados de tierras burgalesas, menos la zona que colinda con las montañas de Anguta, aldea que pertenece a La Rioja, mientras que Avellanosa de Rioja es ya provincia de Burgos.

En esta villa os contarán viejas tradiciones, como la de pedir el rebollo a los novios. A pesar de estar cercados geográficamente por Burgos, los quintanaros se sienten y llevan en lo más hondo su entidad de riojanos y cuando ellos afirman que “semos riojanos”, se puede usar perfectamente ese “semos” arcaico y mayestático porque, evidentemente, allí los únicos riojanos son ellos.

subcomarca calcetense

Entre Santo Domingo de la Calzada y Nájera, en una amplia zona de cereal y tierra llana, se encuentran las poblaciones de Villarejo, Manzanares, Cirueña y Ciriñuela, unidas por la carretera que desde Villar de Torre, en la cuenca del río Tuerto, llega hasta Santo Domingo. Estas poblaciones, junto con Gallinero de Rioja, participan, en general, de las mismas características. Gentes del agro y ambientes rurales que se van modernizando con el contacto y la cercanía de los grandes núcleos urbanos. Tenemos que hacer parada en Hervías, villa antigua e hidalga, y tomar ilusión de caminantes para llegar a Bañares y apuntar en nuestro cuaderno la maravilla de la parroquial y de la ermita formando un conjunto artístico de valor histórico y arquitectónico, y ver la famosa arca de San Formerio, patrón de la villa. De Bañares, por el interior del llano, hacia el río Ebro, San Torcuato, Cidamón, Casas Blancas con su instalación de granjas avícolas; Zarratón y Rodezno, villas agrícolas con pasados blasones en las fachadas de sus casas de recia traza en piedra sillar. Y luego Ollauri, paraíso del vino, de donde no podemos irnos sin visitar una bodega de solera riojana.

Por fin, Gimileo que, ya en la N-232, es cruce de caminos. Casi hemos recorrido toda una extensión llana que a veces se ondula con suaves colinas y cerros ocres. Nunca olvidaremos que desde los pies de la Demanda hemos llegado hasta el Ebro, pasando por distintos lugares, paisajes y costumbres. La Rioja es una antología de la naturaleza y cuanto más se conoce, más invita a visitarla.

Cuenca del Najerilla

Valle Alto: Comarca de las 7 Villas

La provincia de La Rioja hace frontera con la de Burgos en la villa de Canales de la Sierra, en la cuenca alta del río Najerilla, por donde la carretera C-113 hace su camino de San Asensio a Lerma.

Es una comarca eminentemente serrana, de montaña, con características propias que se reflejan en su paisaje, en sus calles y en sus casas de piedra.7 Villas

Canales de la Sierra es la antigua Sejeda prerromana, y fue durante los siglos altomedievales la avanzadilla castellana en su lucha contra el moro. Fernán González dio fueros a Canales y a seis villas más de la cuenca alta.

En Canales hay un modo de crucero con un homenaje en piedra al primer conde castellano, erigido con ocasión del primer milenario de Castilla, en 1943. La parroquia de Santa María, la ermita románica de San Cristóbal y el legado condal de la casa de Fernán González. No se le pasa al viajero la tradicional torre del reloj con papamoscas.

Estamos ante un paisaje de tierras altas, y ya en Villavelayo, después de cruzar ante la ermita de Santa Áurea, única santa riojana, el río Canales y el río Neila forman el nacimiento del río Najerilla, a sesenta kilómetros de Nájera, la capital de la cuenca. Los vilayos son gente del pastoreo y en la villa tienen tradición de ello. Está situada en un hondón del valle y aún permanecen en pie las casonas hidalgas con escudo de pasados esplendores.

Diez kilómetros separan Villavelayo y Mansilla de la Sierra; caminamos siempre por la margen izquierda del río, con vueltas y revueltas que conforman lo que va a ser el embalse de Mansilla. Antes de llegar a la nueva villa, el viajero observa el primitivo pueblo sumergido bajo las aguas del embalse desde el año 1961. Tan sólo la ermita románica de Santa Catalina sigue en pie, salvada de las aguas, en un promontorio que fue era. Y como una aparición insólita, los edificios del nuevo pueblo, construidos por un tiralíneas portentoso. La belleza natural es indescriptible si es la primera vez que se visitan estos parajes.

Más abajo, el cruce de Las Viniegras con la Venta de Goyo. Por el puente, la carretera subirá hacia el puerto de Montenegro, haciendo frontera con Soria, para llegar a Villoslada de Cameros en la cuenca del río Iregua.

Antes, un desvío a Ventrosa para gozar de las sorpresas de la naturaleza. Arriba, la torre del reloj y una visita obligada a la ermita de Villa Rica, centro de nostalgia para los emigrantes ventrosinos.

Volveremos a la carretera de Las Viniegras; río Urbión arriba, y Viniegra de Abajo, villa donde el tipismo serrano se manifiesta con sus calles y callejas empedradas, las viviendas de piedra de cantería y una atmósfera de pueblo ganadera. Ocho kilómetros más en dirección a Montenegro, y Viniegra de Arriba; la carretera salva obstáculos de picachos y desfiladeros cruzando pequeños puentes sobre el Urbión que baja en torrentera. La torre metálica del ayuntamiento y el reloj y el muro familiar con la hornacina de la imagen de san Vicente. Montes y praderas de pastizal, a una altitud de 1182 metros.

De nuevo por la margen izquierda del Najerilla hasta puente Mocho, para coger el empalme hacia Brieva de Cameros, que durante ocho kilómetros monte arriba se interna por un paraje de vegetación salvaje. La villa de Brieva, con tradición ganadera como las restantes de la mancomunidad, es el lugar de nacencia del marqués de La Felguera, Pedro Duro, creador en 1859 del primer horno alto de lo que más tarde sería el complejo industrial de la “Duro-Felguera”, en La Felguera (Asturias). La villa es una de las más típicas serranas y mejor cuidadas. La horca, con el pequeño confesionario de piedra, la plaza de Julián Duro y la casa-Ayuntamiento construida por el arquitecto Agapito del Valle, que luego sería presidente de la Diputación Provincial y presidente del IER. Por el Portalón, la calle empedrada nos lleva al primitivo Brieva, con la arquitectura serrana que sobresale en las fachadas. El río Brieva, que baja de las Hormazas, forma un pintoresco valle. Es de destacar el museo Rancho de Esquileo, dedicado a la trashumancia y al pastoreo de montaña. El primer fin de semana de junio se celebra la Fiesta de la Trashumancia.

Monasterio de Valvanera. Anguiano

La C-113 sufre un desvío que nos lleva al monasterio de Valvanera. La ascensión a la cumbre, en donde tiene su trono la patrona de La Rioja, se hace por un asfaltado camino que serpea hasta la misma puerta de la abadía entre vegetación exuberante. Desde Valvanera, por las trochas de los pastores, se llega al San Lorenzo, el pico más alto de la región. No se puede olvidar el viajero de hacer acopio del benedictino licor, que, con tanta sapiencia herbolaria, preparan en el convento.

De nuevo caminamos, río Najerilla abajo, y a los pocos kilómetros, la villa de Anguiano, después de contemplar el puente de un gigantesco arco sobre el río. Visitaremos a un viejo danzador que nos contará todos los avatares y preparativos de la famosa “danza de los zancos”, única en España. Si tenemos suerte y la visita a la villa coincide con las fiestas patronales de la Magdalena, seremos protagonistas de un rito folklórico de gran colorido. Los ocho danzadores, al son de la dulzaina y el tamboril, levantarán gritos de asombro entre el inmenso personal que se congrega en la plaza. Ellos, girando como trompos, se lanzarán por la cuesta que desde la parroquial llega al centro del pueblo. Es la calle de la Cuesta de los Danzadores, empedrada y estrecha. El espectáculo nos llenará de orgullo riojano, porque sólo en Anguiano hacen la maravilla de bajar corriendo y dando vueltas por la cuesta y con los zancos. Y nos iremos sin subir a la ermita de la Magdalena, en las afueras de la villa, para beber en la antigua y generosa fuente, y contemplar admirados el paisaje circundante.

Valle Medio: La Cogolla

Continuamos el viaje por la hermosa cuenca del Najerilla y, a la derecha, el empalme hacia Pedroso, pueblo situado en las estribaciones de la divisoria de aguas de las cuencas del Iregua y el Najerilla. Seguimos el viaje y, a poco, otro desvío que por la margen derecha nos conduce a Ledesma de la Cogolla, llamada así esta villa por pertenecer en la Edad Media al célebre monasterio de San Millán en San Millán de la Cogolla, pero no por estar dentro del valle del río Cárdenas, donde se ubica el llamado “Escorial de La Rioja”. La panorámica desde el término ledesmino abarca hasta las peñas de Tobía y Matute y, aunque no encontraremos monumentos que visitar, merece mucho el gozar de aquella altura y aspirar el aire puro que viene de la Sierra, mientras, de cuando en cuando, la estampa bucólica y pastoril nos hace pensar en antiguos modos de vivir.

Ahora, cruzando el puente cerca de Bobadilla, seguimos la carretera hacia Matute por la margen izquierda del Najerilla. Y en Matute recordaremos al poeta Esteban Manuel de Villegas, cuya partida de bautismo podemos ver en la iglesia parroquial. Estamos en el valle que forma el río Tobía, afluente del Najerilla, y el paisaje se engrandece en la roca. Muy cerca, valle arriba, la villa de Tobía, cobijada en la falda de la peña de su nombre. Aquí la excursión incita a seguir río arriba. Por un camino sin asfaltar, pero cómodo para el caminante, iremos gozando de un verdadero paraíso, de un paraje encantado que llega hasta las faldas del San Lorenzo.

De regreso, visitaremos, igualmente, Villaverde de Rioja, en la carretera que une los valles del Cárdenas y el Najerilla. El paisaje es ahora más dulce, porque los campos se abren y cada rincón es aprovechado para cultivar un poco de todo. Desde una loma, a las afueras del pueblo, siguiendo la citada carretera, contemplaremos toda la sutileza paisajística del valle del río Cárdenas hasta Nájera.

Baños de Río Tobía

Bobadilla se ha quedado pequeña y Baños de Río Tobía ha crecido. De Bobadilla no podemos irnos sin visitar la parroquia y dar una vuelta por las callejuelas que siempre nos deparan la sorpresa de un caserón hidalgo con su escudo.

La gran recta asfáltica nos deja en Baños que, siendo villa antigua, ha conseguido llegar a ser una de las poblaciones más importantes de la comarca. A la agricultura se le ha añadido una bien proyectada industria chacinera y, hoy en día, los embutidos de Baños están a la cabeza de la producción regional. Visitaremos una factoría y tomaremos nota de cómo el jamón o el chorizo siguen un largo proceso de elaboración.

Pasamos Mahave, propiedad del barón, antiguo castillo e iglesia que sufrieron las tropelías y saqueos de los ejércitos napoleónicos cuando la guerra de la Independencia, y a la altura del puente de Arenzana tomaremos la carretera que sigue paralela al río Cárdenas.

Valle del Cárdenas

Otro valle que riega el afluente del Najerilla con el nombre de río Cárdenas, y que todo riojano que se precie de tal tiene que conocer, porque en lo alto del valle se encuentra el monasterio de San Millán, el de Suso y el de Yuso. En el de arriba, o de Suso, escribió Gonzalo de Berceo sus hermosos poemas que le encumbraron como el primer poeta en lengua castellana o española. Y en Yuso se encontraron los primeros escritos en la nueva lengua que había nacido del latín.

Después de recorrer la distancia que separa los dos monasterios, visitamos el pueblo de San Millán de la Cogolla; cruzaremos después hasta Estollo, por la vega, y hacemos un alto en Berceo, lugar donde nació nuestro poeta y monje. Ahora, la diferencia de paisajes es notoria en esta zona del Cárdenas. Verdes en lo alto y ocres en las tierras de labranza. Desde Berceo, río abajo, llegamos a Badarán y terminamos en Cárdenas, pero después de acercarnos hasta Cordovín, en mitad de los dos valles. Apuntaremos la hospitalidad de estas gentes riojanas y cómo con ahínco han hecho de la agricultura su mejor riqueza.

Valle Bajo: Tierra de Nájera

De nuevo, en la confluencia del río Cárdenas y el río Najerilla cruzamos el puente de Arenzana, y nos desviamos hacia Arenzana de Abajo y Tricio, en la margen derecha. Las dos villas tan cercanas disfrutan de un envidiable nivel económico, debido a la gran riqueza agrícola de los municipios. Tricio fue la antigua “Tritium” romana, situada en un pequeño cerro, ciudad importante por donde atravesaba la calzada, y si preguntamos a sus habitantes por vestigios o restos de la antigua civilización, nos hablarán de vasijas, hornos y monedas encontrados en la villa y en sus alrededores. Éstos ya son campos del cereal y de la vid; y, por fin, Nájera.

La ciudad ensancha su casco hacia la carretera de Logroño. Todo un polígono industrial donde las factorías madereras y de muebles ocupan una buena medida. El Najerilla parte en dos a la ciudad, como a una nuez, y pasa por entre arcos del puente de piedra. Todo es historia aquí. El monasterio de Santa María la Real, para admirar el impresionante panteón de los reyes. El claustro de los Caballeros, la parroquia de Santa Cruz en la calle de San Prudencio, cerca de la plaza del santo, y de la antigua calle Mayor.

La alameda o paseo que sigue el curso del río. La iglesia de Santa Elena en la carretera N-120, camino de Santiago. El rey don García trasladó la corte de Pamplona a Nájera y en la historia ya se le conoce como don García el de Nájera. Subamos al monte, al pinar del montículo que protege la ciudad, y observaremos una de las panorámicas más bellas de La Rioja, con el Najerilla buscando al Ebro entre choperas.

El río muere cerca de Torremontalbo], antigua casa fuerte del condado de su nombre.

Valle del Tuerto

Desde Nájera, por la carretera N-120, nos dirigimos al valle del Tuerto.

El río Tuerto es un afluente del Najerilla, que le da sus aguas por la margen izquierda, a la altura de Hormilleja. Vamos a viajar siguiendo la ruta del río Tuerto, comenzando en Villar de Torre, primera población que se sitúa en su orilla derecha. Estamos ante un paisaje medio entre sierra y llano, donde las cuencas del río Cárdenas y del Tuerto se unen por unas suficientes asfaltadas carreteras. De Villar de Torre, pueblo de ganadería, partimos en dirección a Cañas, para hacer una parada en el monasterio. Nuestro objetivo es conocer los parajes que, poco a poco, nos llevan al llano del cereal y de la vid. Río abajo, Canillas, Torrecilla sobre Alesanco y Alesanco. Después, Azofra; cruzamos la N-120, y Hormilla y Hormilleja. Ocho poblaciones regadas por el Tuerto, que en época estival baja con poco caudal de agua. Pueblos de labradores y ganaderos que sufrieron la emigración. Aún quedan vestigios de antiguos esplendores. En Alesanco nos acordaremos del prócer riojano don Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada. Casonas hidalgas y viñas en torno al cauce del río. El valle, dentro de lo que cabe, ha sido aprovechado al máximo para la labor agraria. Es ruta obligada para conocer la abadía cisterciense de Cañas.

Valle del Yalde

El río Yalde es un afluente del Najerilla y forma un valle pintoresco que desde las estribaciones del Serradero hasta muy cerca de Somalo está salpicado de villas con rancio abolengo. La primera de ellas es Castroviejo, en la margen derecha. La carretera llega por entre tierras de pastos y lomas suaves. Desde este punto, la excursión tienta a cualquiera. Más abajo Santa Coloma, villa importante por cuanto los ayuntamientos riojanos pidieron, a raíz de la invasión napoleónica, autogobernarse por sí solos, haciendo de La Rioja una región autónoma.

En la otra orilla, en un alto, Bezares y el esplendor del paisaje que nos lleva hasta la ermita de las santitas, después Arenzana de Arriba.

El río llega a su curso medio; y de nuevo, por la margen derecha, visitamos Manjares y Alesón, todavía con un aroma medieval en sus casas y callejas. Por estos pagos cazaba el rey García de Nájera. Aquí termina el valle propiamente. Si hemos puesto ojos de viajero, no se nos olvidará la rebosante naturaleza y la belleza de cuantos lugares hemos recorrido. La montaña atrae al caminante y en cada rincón, por majadas y ribazos, el árbol y la fuente.

Pasamos por la N-120 y llegamos a Huércanos, la villa de la Pochanca, llamada así por la balsa de agua que a finales del siglo XVI tuvieron que hacer los pochanqueros en previsión de los incendios y para el riego. El agua venía de Santa Coloma y Bezares y aún permanece la tradición de las veinticuatro horas del agua. Un sábado de abril, los de Huércanos suben a Bezares a cambiar la trayectoria del Yalde en recuerdo simbólico de sus antepasados. En esta villa recibe al viajero el rollo, que antes fuera horca y picota, testigo de piedra del villazgo concedido por Carlos I.

A dos kilómetros, cuando el Yalde busca el Najerilla entre choperas, la villa de Uruñuela, en la llanada. Los historiadores confirman que entre Huércanos y Uruñuela se celebró la llamada batalla de Nájera, entre Pedro I y Enrique II de Trastámara, su hermano bastardo. Por estos campos lucharon el Príncipe Negro de Inglaterra y el caballero francés Bertrán Duguesclín a favor de uno y otro bando. Para el estudiante no deja de ser bueno repasar la historia de su tierra y saber que el tal Duguesclín dijo la frase: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor” pronunciada en los campos de Montiel, dos años después de la batalla, en el 1369, cuando Enrique da muerte a Pedro con un puñal ante la presencia y valiosa ayuda del francés.

Campos de vides. El Yalde pasa por Uruñuela canalizado en previsión de las inundaciones que en pasados años fueron catastróficas. En la torre de la parroquia de San Servando y San Germán, las cigüeñas tienen su casa desde muy antiguo. El símbolo de la cigüeña está grabado en el bastón de mando del alcalde y los habitantes son conocidos en toda la comarca por el nombre de cigüeñeros.

Seguimos el curso del Yalde y en Somalo, la espesura de las choperas. En un paraje que pertenece al término municipal de Uruñuela, la fuente Edesa, en donde se celebra una romería en las fiestas de agosto. La zona es muy propicia para gozar de la natural belleza del entorno.

Más allá, escondido entre la arboleda, el Yalde da sus aguas al Najerilla. Hemos conseguido recorrer uno de los valles menos conocidos de La Rioja.

Cuenca del Iregua

La cuenca del Iregua es acaso la más visitada y uno de los valles más bellos de la región. Carretera de Soria arriba, comenzaremos nuestro viaje en Piqueras, puerto limítrofe con Soria. Se hace inevitable la visita a la Venta de Venancio y a la ermita. Pasaremos por San Andrés y Pajares. Nos desviaremos hacia Lumbreras y la excursión nos llevará hasta El Horcajo por un paisaje casi virgen. En el llamado cruce de los ríos tomaremos la carretera de Villoslada de Cameros y subiremos a la ermita de la Virgen de Lomos de Orio, debajo de la Cebollera. En esta ruta del Achicuelo hacia Hoyos de Iregua es donde el municipio de Villoslada tiene su mejor paisaje. El río Iregua baja cantando por entre la arboleda y la vegetación.

Antes de llegar a Villanueva de Cameros, ascenderemos por el empalme de Aldeanueva de Cameros. Estamos recorriendo el alto Iregua y el paisaje nos reconforta. En Villanueva, la ermita de Nuestra Señora de los Nogales. Desde allí, la carretera hacia Ortigosa de Cameros y El Rasillo de Cameros, y el embalse González Lacasa. Continuaremos por Montemediano hasta Nieva de Cameros para volver a la N-111. Recordaremos siempre este viaje. Vamos de nuevo por la margen derecha hasta Pinillos y Almarza de Cameros, en la altura, y es posible que pasemos al otro valle que forma el río Leza, hasta Muro en Cameros.

En Torrecilla en Cameros, donde nació Sagasta, la ermita de Nuestra Señora de Tómalos. Por el monte llegaremos a Nestares, haciendo el mismo recorrido del cartero de esta villa camerana, que es el lugar de nacencia del padre del poeta Juan Ramón Jiménez.

Estamos ya en Panzares, en Castañares de las Cuevas; subiremos a Viguera y, luego, pasando el túnel, Islallana. En la orilla derecha del río, Nalda y Albelda. Por la izquierda haremos un hermoso viaje hasta Sorzano y una vez allí, desde la ermita de la Virgen del Roble, contemplaremos una bella vista del curso bajo del Iregua. Después Alberite, por la vega, hacia Villamediana de Iregua. Y Varea, donde el río ofrece su caudal al Ebro.

Contraste en los paisajes. En el curso alto, pastizales y riqueza forestal. En el llano, una feracísima vega. Y nunca podremos olvidar la maravilla del valle desde Peñueco. Peñas de Viguera y de Islallana.

Cuenca del Leza

El Leza conforma la zona del Camero Viejo. El río va encajonado en el valle por los altos barrancos que desde la carretera imponen. Laguna de Cameros, Cabezón de Cameros y Jalón de Cameros, viejos pueblos de ganadería. En San Román de Cameros, el desvío hacia Rabanera y Ajamil, y el otro hacia Vadillos, Torremuña y Avellaneda, pueblos desolados y semiabandonados. Desde aquella altura, La Rioja se vuelve árida y misteriosa.

Terroba, Soto en Cameros, con el gran mirador del río. Tenemos que subir a Treguajantes, a Luezas, a Trevijano; recorrer los viejos caminos de los Cameros y ver la soledad de estos lugares. El paisaje se nos vuelve machadiano.

Cambia de pronto el panorama y desde Leza de Río Leza a Murillo de Río Leza, la vega con almendros, con olivos: y por Ribafrecha, en el hondón.

De Murillo a Agoncillo, un paseo para ver la desembocadura del Leza.

Valle del Jubera

El Jubera es afluente del río Leza y forma uno de los valles más depreciados de la región. Desde Robres del Castillo, por pistas forestales llegaremos a La Santa a Ribalmaguillo y a La monjía, todos abandonados. Vemos ganado en los pastizales. Para llegar a Oliván o a Valtrujal, a pie de la montaña. Veremos ruina y abandono. Lo mismo en El Collado o en Bucesta. Si las fuerzas no nos fallan, subiremos hasta Santa Marina, donde los pocos vecinos nos atenderán de maravilla.

Pasamos Robres y Jubera, que se tambalean entre el olvido y la soledad, y nos dirigimos a Santa Engracia después de contemplar lo que queda del castillo. Aún iremos hacia Lagunilla del Jubera, pero con la tristeza del paisaje y la melancolía por tanto abandono; por Ventas Blancas, volvemos a Murillo de Río Leza, viendo cuán mansamente el Jubera se abraza al Leza.

Valle de Ocón

Desde sierra La Hez hasta la ribera del Ebro en Ausejo, un arroyo que fuera en tiempos pasados un torrencial afluente del Ebro, forma el valle de Ocón. Es otro de los valles desconocidos de La Rioja y la historia que está en sus paisajes debe llevarnos a visitarlo. A pie de sierra, la villa de Ocón con su destartalado castillo, bastión en época romana y árabe. La aldea de las Ruedas de Ocón, metida entre el alarde forestal. La carretera nos conduce a Los Molinos de Ocón, sede municipal de las villas del valle. Un desvío a Pipaona con su hermosa torre parroquial y a Aldealobos. Antes, nos acercaremos hasta Oteruelo, ya en ruinas.

El valle se ensancha y vienen los campos de cereal y vid. El Redal, y dando la vuelta, Corera, Galilea, y Santa Lucía. Las doce villas del valle. Sólo en el llano se mantiene la población. Arriba, pocos oconenses resisten el ímpetu de los nuevos tiempos. Nuevo contraste paisajístico. En el llano el clima es casi mediterráneo; en él podemos visitar Ausejo, situado en una colina junto a la carretera nacional 232, y Alcanadre en la misma orilla del Ebro, en cuyo término el río Ocón se encharca en unas lagunas en momentos de lluvias intensas, que vierten su sobrante al Ebro.

Cuenca del Cidacos

Río Cidacos a su paso por Enciso

Viniendo de las tierras sorianas, el Cidacos entra en Enciso por Las Ruedas de Enciso. La villa, en pleno monte de las estribaciones de la sierra de la Bellanera, es una maravilla arquitectónica y monumental. Las iglesias de San Pedro y de Santa María, el crucero, el puente románico y las peculiares callejas que desembocan en la plaza Mayor. Pueblo ganadero e industrial. Fábricas de calzado y el tradicional embutido. Pero ir a Enciso es seguir la ruta de los dinosaurios, que pasa por las aldeas. El Villar de Arnedo por el cauce del río Vacirbe, Poyales y Navalsaz, prácticamente despobladas. La ermita del Cristo de los Buenos Temporales, al lado del río, en el cruce de los caminos, resistiendo el ímpetu de los tiempos. Y si el viajero gusta de lo imprevisto de la montaña, puede acercarse a La Escurquilla, aldea abandonada. Tierras altas para el pastizal y la ganadería. La carretera sigue hacia el puerto de Oncala.

Entre Enciso y Arnedillo, Cidacos abajo, el empalme de Munilla; río Matazorras arriba, Munilla, antiguo centro textil cuya industria se ha desplazado a Arnedo y Calahorra. La plaza de Santa María, la ermita de San Miguel en el mirador natural del río. Y por el camino asfaltado, Zarzosa, la ermita de Canalejas y llegada a la abandonada Larriba, el pueblo más alto de la región.

Un paisaje serrano que, por pistas forestales, nos lleva en la cima a La Santa, y al valle alto del Jubera. Desde el pico Cuervo, la panorámica abarca a toda La Rioja.

Ya en el valle del Cidacos, el turista contempla la desolación de Peroblasco y llega a Arnedillo, situada en la margen izquierda del río, famosa por su balneario. La carretera sufre un desvío hacia Préjano, antiguo pueblo minero, con la iglesia de San Miguel, la torre y la ermita del Santo Cristo. El paisaje es árido y desde la altura, la vista ocupa hasta Arnedo.

Siempre por la margen izquierda del Cidacos, Santa Eulalia Somera y Santa Eulalia Bajera y después Herce, abrigada debajo de las peñas del Moro y de San Salvador, estribaciones de la sierra La Hez. La parroquial de San Esteban, el arco y la portada del desaparecido convento de las bernardas.

En Arnedo, el casco antiguo con la puerta del Cinto; la parroquial de San Cosme y San Damián; las iglesias de Santo Tomás y de Santa Eulalia, privilegiado balcón de la ciudad. El castillo, arriba, con las cuevas. Tierra arcillosa de un rojizo característico. La ciudad es importante por la industria del zapato. Y después de un recorrido por calles y callejas, el turista hace acopio de fardelejos, empanadillas de elaboración casera de muy reconocida fama.

La vega del río Cidacos abre camino entre riscos areniscos y llegamos a Quel, villa natal de Bretón de los Herreros. En la margen derecha, muy cerca de la localidad, la ermita de la Transfiguración, donde tradicionalmente se reparte pan y queso en las fiestas patronales del 6 de agosto.

A siete kilómetros, Autol, tierra de espárragos, y las esculturas naturales del Picuezo y la Picueza.

Y en el curso bajo, la ciudad de Calahorra, capital romana del Cidacos, patria de Quintiliano, Bebricio y Aurelio Prudencio, sede diocesana. La catedral, la matrona y los mártires San Emeterio y San Celedonio, santuario del Carmen, iglesia de San Andrés, convento de los carmelitas, parroquial de Santiago, paseo del Mercadal, el Parador de Turismo y vestigios romanos en los alrededores, como la plazuela de los trece caños, cerca del crucero.

El Cidacos se expande en la llanura hacia el Ebro.

El alto Alhama

Estamos en la falda de la sierra de Alcarama, frontera con la provincia de Soria por Valdemadera y Navajún, en pleno monte. La distancia la hemos cubierto a pie desde Aguilar del Río Alhama. Allá en la altura nos daremos cuenta de que, si cabe, queremos más a nuestra tierra.

En Aguilar, un camino carretil nos conducirá hasta Gutur, a la ermita del Remedio. La depresión del río Alhama es impresionante.

Pasamos por Inestrillas, y por la margen izquierda del río llegamos a Cervera del Río Alhama y subimos a la ermita de Nuestra Señora del Monte para contemplar una bella panorámica. Son tierras grises y ocres, pero hermosas, y desde la capital del alto Alhama recorreremos sus barrios: Valverde, Cabretón, Valdegutur, barrios o aldeas a más de cinco kilómetros. Tiene estación de ferrocarril y en la carretera de Tafalla a Soria, el mojón de los tres Reyes, punto limítrofe de las provincias de Zaragoza, Navarra, La Rioja y Soria.

Cerca de Valdegutur, el pantano o embalse de Añamaza que riega la vega de Cabretón. Y antes de enfilar el valle del Linares arriba llegaremos a Las Ventas y pasaremos el puente frontera con Navarra para visitar el balneario de Fitero.

La Rioja Baja, por esta zona, es sorpresiva si la miramos con ojos orográficos.

Valle del Linares

Por el puente, muy cerca de la desembocadura del Linares en el Alhama, a la altura de Las Ventas del Baño, tomamos la carretera hacia Igea por Rincón de Olivedo. La vega del Linares es rica. Al llegar a Igea, nos recibe la esbelta torre de la parroquial de la Ascensión y el impresionante palacio mansión de Casa Torre. Vamos por la margen izquierda del río, entre olivos y almendros, y llegamos a Cornago, con su impresionante castillo, en lo alto.

Por Valdeperillo, la carretera nos acercará a Villarroya pasando por La Pazana, balneario famoso. La vuelta es sosegante. Un paisaje igualmente desconocido.

Entre Arnedo y Cervera del Río Alhama

Panorámica de Tudelilla

Entre Cervera y Arnedo, la C-123 nos llevará a Villarroya, a Grávalos, a Muro de Aguas, por el desvío. En Muro, la fuente de la plaza, y por el camino de herradura, monte arriba, llegaremos a Ambas Aguas, a la ermita del Cristo. Paraje que nos deparará la oportunidad de regresar con algún trozo de pirita en la mochila.

En dirección hacia Arnedo, Turruncún, pueblo fantasma, en ruinas, como observamos en el cartel indicador a pie de carretera.

Por esta ruta tendremos como centinelas y guías permanentes la Peña Isasa y el monte Yerga. A Yerga haremos una excursión para ver las instalaciones de RTVE y recordar el antiguo monasterio.

Siguiendo la C-123, después de pasar Arnedo, un empalme hacia Bergasa y las las Bergasillas. No nos perdamos la ocasión de contemplar los Pirineos, en un día soleado y despejado, desde Bergasillas Somera.

En Tudelilla tomaremos el camino hacia Carbonera, por el pequeño valle del Molina. Otro de los parajes desconocidos de La Rioja.

 
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