La Rioja

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Contenido

Introducción

La Rioja es una región a la que no basta una sola palabra para definirla, no es suficiente. Tierra de cruce de caminos, de culturas, de dinastías, de lenguajes, es en sí misma un compendio de afanes, una punta de flecha cuyo arco tensan múltiples manos, la cosecha de siembras dispares, que, siglo tras siglo, han ido cuajando un conjunto peculiar, homogéneo dentro de lo diverso, autónomo en un entorno de dependencias. Este haber sido vasija receptora de los jugos segregados por gentes de mil calañas ha llevado a la constitución de un ser histórico, social, económico y cultural original dentro del ámbito español.

Historia

Viñedos de La Rioja

Corre el siglo X y las Glosas emilianenses, que se acotan en San Millán de la Cogolla por un monje anónimo, dan el primer paso hacia un lenguaje que hoy hablan trescientos millones de personas. En el año 1099 aparece por primera vez el nombre de La Rioja en un documento. Participa La Rioja, en cuanto tal, en todas las vicisitudes guerreras, desde la Reconquista a las guerras carlistas, pasando por la guerra de la Independencia, y va forjándose un carácter que se nutre, como el árbol de buen tallo, de la savia más sustanciosa de cada visitante. El camino de Santiago es, desde tiempos medievales, vehículo de penetración de una cultura nueva, la europea; sin embargo, no van a ser los rasgos arquitectónicos, como sucede en Burgos o en León, los que van a delatar esta influencia. Lo peculiar a la orilla del río Ebro es que se va estimulando al riojano hacia una actitud de acogida al peregrino, de saludo al forastero, de apertura de ideas y sentimientos hacia el que viene de paso.

El cruce de culturas va a influir más en la manera de ser del paisano que en la cultura académicamente entendida; no quedarán grandes construcciones religiosas ni civiles, ni catedrales ni hospitales grandiosos. Quedarán hombres de corazón grande.


De hecho, hoy día, la palabra riojano se asocia automáticamente a un carácter abierto, una mano tendida, un acogimiento, dando siempre la impresión al forastero de que se encuentra en casa, de que este terreno de paso es buena posada y fonda para el caminante. De la barahúnda histórica ha rotado un tipo humano.

Reconocida como región dentro de la nación, La Rioja se enfrenta a la puesta en marcha de su autonomía.

La autonomía es la cualidad política por la que un pueblo puede regir sus destinos con arreglo a sus necesidades, su realidad y su expectativa de futuro. La autonomía es la facultad de acercar los medios de administración desde las lejanías madrileñas a la propia sede riojana. Significa aprovechar las líneas maestras de la Constitución española de 1978, para proceder a la ejecución de medidas administrativas, legislativas y políticas, que hasta el presente venían dadas desde la Administración Central, desde Madrid.

Los beneficios de la autonomía se pueden calibrar en el entorno político, social, económico y cultural. Una autonomía bien llevada hará que el ciudadano riojano se sienta protagonista de su propia administración: la ve nacer, desarrollarse, ejecutarse, acertar, equivocarse, volver a empezar: la controla. Pide cuentas y le son dadas, a la vez que se le pide cuenta a él de su participación, de lo que pidió, de cómo lo pidió y de cómo piensa utilizar lo que pidió. Su voto va a recaer en personas que son vecinos, a los que ve y saluda cada día y de quienes sabe si puede fiarse y hasta qué extremo. La autonomía es el instrumento político que la Constitución ofrece a los riojanos para gobernar, administrar y gestionar sus propios asuntos e intereses, unas veces en exclusiva, otras, compartiendo su actuación con la del Gobierno de la nación. Como todos los derechos, la autonomía no sólo hay que merecerla, sino también solicitarla, mostrar y demostrar la voluntad popular de lo que se quiere conseguir. Esto es lo que efectúan los riojanos a lo largo del año 1979 y utilizando como portavoces los Ayuntamientos. El municipio de Logroño es el primero en pedir la autonomía, y poco a poco le siguen los demás. El proceso concluye el 12 de diciembre de ese mismo año, cuando se completan los acuerdos de la Diputación Provincial y los Ayuntamientos, para iniciar el proceso autonómico de La Rioja, por la vía del artículo 143. Según este articulo eran suficientes las dos terceras partes de los Ayuntamientos riojanos puestos de acuerdo para que se iniciara la incoación de la autonomía. Sin embargo, de los 174 municipios de la provincia, la práctica totalidad responde afirmativamente.

De esta forma se consagra dentro del nuevo Estado de las autonomías una fórmula nueva, la de las comunidades uniprovinciales, que van a ser: Asturias, Murcia, Cantabria y La Rioja. De ellas, la de menor entidad poblacional y geográfica es La Rioja, por lo que habrá de presentar cara a unos problemas distintos.

La Rioja ha mostrado su voluntad de ser una Comunidad Autónoma Uniprovincial y, sin embargo, en ese momento no se llama oficialmente Rioja. En el mapa administrativo sigue denominándosela provincia de Logroño. Y, siempre según este mapa administrativo, forma parte de una unidad superior regional que se llama Castilla la Vieja.

Recurriendo a la historia, los libros señalan que la reforma administrativa de 1822 confirma una provincia que se llama La Rioja, que comprende poblaciones de la Sonsierra, La Riojilla burgalesa, Montenegro de Cameros, la tierra de Yanguas, hasta Tarazona, tierras de las actuales provincias de Burgos, Álava, Navarra y Zaragoza. Pero llega el año 1833 y una nueva reforma administrativa delimita la demarcación territorial actual, delimitación que se conjunta bajo el nombre de provincia de Logroño. Pasan nuevamente los tiempos, y el 15 de noviembre de 1980 se recupera el nombre de La Rioja, con la sanción y promulgación de la Ley que reconoce a esta provincia región su nombre originario. Sus límites territoriales son los mismos que cuando respondía al nombre de Logroño; es decir, ha cambiado la denominación con la recuperación de la toponimia histórica, pero continúa vigente la división territorial de 1833, que parece la más adecuada a las actuales circunstancias. La Rioja el 1 de marzo de 1981, contaba con 254.149 habitantes y 5.033 kilómetros cuadrados. A fecha del 2.007 la población ha experimentado un crecimiento hasta llegar a los 300.000 habitantes en La Rioja, de ellos, la mitad aproximadamente, unos 150.000, corresponden a Logroño.

El día 8 de mayo de 1981, se firma en San Millán de la Cogolla el Estatuto de Autonomía de La Rioja, como homenaje a un monje anónimo que mil años antes escribiera las rústicas palabras del brotar castellano, como vasallaje a un monje llamado Gonzalo de Berceo que diera a ese castellano su alto rango literario y su alegría de vivir, y como rendición de cuentas a un pueblo riojano que espera de las palabras la plenitud de la lucha por su derecho a la vida, a la política y a la cultura.

En 1982, el Estatuto de San Millán es refrendado por el Rey Don Juan Carlos I, después de su aprobación como Ley Orgánica en las Cortes Españolas, y en el mes de julio de ese mismo año llegan las primeras transferencias. La Rioja existe y comienza a ser: “La Rioja, entidad regional histórica dentro del Estado Español, se constituye en Comunidad Autónoma para el ejercicio de su autogobierno, de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto, que es su norma institucional básica”.

La Rioja Turística

Turísticamente, La Rioja, se divide en cuatro espacios suficientemente delimitados: La Rioja Alta, La Rioja Baja, La Sierra y Logroño y su comarca, los cuales determinan la variada gama del paisaje riojano e incluso una específica raigambre de costumbres y tradiciones. Una tierra hospitalaria y alegre.

La Rioja Alta, enmarcada en la zona más rica de la región, ofrece sus recursos paisajísticos del somontano y la sierra, por los que pasa el Camino de Santiago. Nájera, Santo Domingo de la Calzada, y Haro son las cabeceras de comarca de las cuencas y valles que forman los ríos Najerilla, Oja y Tirón.

Por esa extensa zona cruza el Camino de Santiago y en ella se concentran las rutas de los monasterios, del arte románico y del vino, y los lugares de veraneo tradicional, con Ezcaray a la cabeza y su estación de deportes de invierno en el término de Valdezcaray.

La Rioja Alta

La Rioja Alta es la zona privilegiada de la región. Es una larga franja de terreno que abarca desde la orilla del río Ebro hasta la sierra de la Demanda. El contraste paisajístico y la riqueza de la tierra la han aupado a la cabeza de la economía riojana, Nájera, Haro, Santo Domingo de la Calzada y Ezcaray están en este territorio. Agricultura rica, cereal, patata, remolacha y vid. Los expertos aseveran que los mejores vinos de La Rioja se crían en La Rioja Alta. Zona industrial y de turismo. Por La Rioja Alta pasa el Camino de Santiago, la ruta del vino, la ruta de los monasterios y la ruta de los castillos. Un completo itinerario para el turista.

Si Haro es la puerta de La Rioja en las Conchas, Santo Domingo de la Calzada es el hito jacobeo y Nájera la corte de Reyes. Y Ezcaray la estación invernal del Norte por excelencia.

La Rioja Baja

La Rioja Baja, con Calahorra, Arnedo, Cervera del Río Alhama y Alfaro como cabeceras de las comarcas que riegan los ríos Cidacos, y Alhama, conserva un equilibrio entre la huerta ribereña y la aridez de las estribaciones de la Sierra. Es un contraste con La Rioja Alta y ofrece los vestigios de la bimilenaria Calahorra y de la ocupación musulmana de Arnedo y Cervera del Río Alhama. Alfaro sigue siendo hoy la llave de la cuenca alta del Ebro, que abre el paso a la meseta castellana.

La Rioja Baja es la frontera riojana con Aragón, Soria y Navarra. Calahorra, Alfaro, Arnedo y Cervera del Río Alhama son los centros comarcales productores de riqueza. Industrias del calzado y madera. Fábricas de conservas vegetales y polígonos industriales. Historia y monumentalidad en la sede episcopal calahorrana, la bimilenaria ciudad que los romanos destruyeron y reconstruyeron. Alfaro que fue llave de Castilla, y Cervera y Arnedo, donde los árabes dejaron su civilización. Todo lo que los riojanos de esta zona han hecho realidad, su historia y los vestigios de su pasado histórico, se ofrece al visitante. La Rioja Baja también es tierra de viñas, y como ocurre en toda la región, se dan los contrastes paisajísticos característicos. El río Cidacos es la gran arteria de La Rioja Baja y desde Enciso a Calahorra riega un valle fértil e industrioso. La línea del valle de Ocón hasta Ausejo, desde Sierra La Hez al Ebro por Alfaro y el río Alhama conforma esta comarca natural de La Rioja Baja.


La Sierra

Por lo que respecta a la Sierra, si La Rioja era una desconocida, más aún los altos valles que la conforman, inmersos en general en el abandono y el olvido. Los atractivos turísticos de montaña, los deportes acuáticos en el pantano González Lacasa de El Rasillo, la gran lección histórica de los cenobios riojanos y el paisaje alpino de la sierra de La Demanda y su exhuberancia vegetal, son hoy uno de los atractivos del turista, que llega con ojos culturales a esta región privilegiada.

A pesar de que parte de la Sierra ha sido despoblada, aún conserva el sabor de bellos rincones naturales, de gran exhuberancia vegetal en la Demanda y de aridez en las zonas del alto Jubera y de la Sierra de Alcarama. Pero la Sierra, sobre todo en la parte que comprenden los Cameros, mantiene un viejo sabor en pueblos y habitantes, de pasado ganadero y pastoril. También en la Sierra se concentraron los principales cenobios del medievo. Su influencia fue palpable y se puede afirmar que La Rioja sin La Sierra como comarca natural no sería la misma.

En la Sierra riojana nacen la mayoría de sus ríos que forman los siete principales valles de la depresión del Ebro. Como tentación turística presenta la frondosidad y la espesura y la abundancia de manantiales. En la Sierra están las principales atracciones para la práctica de los deportes de montaña. En la Sierra se mantienen los mejores artesanos tradicionales del cuero, de la lana y del cáñamo. En la Sierra viven hoy los riojanos de la ganadería y de la riqueza forestal. La caza mayor se concentra en la Reserva de los Cameros y es en la Sierra donde la trucha de los ríos riojanos compite con las mejores del país. Y donde el paisaje riojano se ofrece sorprendente y originalmente distinto.

Capital

Logroño y su comarca concentra a la mitad de la población de La Rioja. La capital ocupa el solar de la orilla derecha del Ebro, al pie del monte Cantabria, extendiéndose en la llanura que los aluviones del terciario formaron el bajo Iregua. Logroño se alza como el centro comercial e industrial de la región y como la principal plaza de recursos hosteleros. La historia de La Rioja pasa por el Logroño medieval amurallado y el Logroño de Espartero y de Sagasta. Hoy la capital se ofrece como una ciudad moderna y hospitalaria, muy arraigada en los valores de su pasado histórico. La estampa del Logroño entre los dos puentes ha dado la vuelta al turismo internacional.

Uno de los atractivos de la comarca logroñesa son sus villas de piedra sillar, con sus bodegas y las fértiles vegas de la cuenca baja de los ríos. Desde Agoncillo a Fuenmayor y desde Murillo de Río Leza a las Villas de Campo tiene La Rioja una de las tarjetas de visita más influyentes. Y el viajero puede contemplar desde el legendario e histórico castillo de Clavijo la gran llanada hasta la línea del Ebro, donde Logroño recibe siempre bien a sus visitantes.

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Véase también

 
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